Cáncer de mama y la importancia de la salud mental

cancer de mama

Según la OMS, en torno a 33.000 mujeres son diagnosticadas con cáncer de mama al año en España. De estas, solo una cuarta parte proviene de perfiles con antecedentes genéticos o situaciones de riesgo conocidas. En el resto de los casos, el diagnóstico llega sin esperarlo.

Ese shock es difícil de evitar, pero, sin duda, puede tratarse a posteriori y mejorar mucho a lo largo de la enfermedad. Eso sí, siempre que tengamos presente la importancia de cuidar la salud mental a la hora de convivir con el cáncer.

La importancia del diagnóstico precoz

Se estima que 1 de cada 8 mujeres padecerá cáncer de mama en algún momento de su vida. Por lo que las revisiones no están pensadas solamente para aquellas que tengan antecedentes genéticos o puedan ser más propensas a la enfermedad.

En realidad, estamos hablando del tumor más frecuente entre las mujeres, con lo que, dada su elevada prevalencia e incidencia la prevención es la mejor alternativa que podemos proponernos. 

Además, el diagnóstico es asequible y sencillo, por lo que, en España, está al alcance de todas acceder a los planes de prevención y realizarse pruebas periódicas. El hecho de no tener síntomas no debe hacer que nos relajemos y abandonemos estas pruebas, puesto que el cáncer de mama puede permanecer asintomático durante años.

Por supuesto, además de las mamografías periódicas, también debemos conocer los principales síntomas que podemos encontrar. Cualquier tacto extraño que podamos detectar al palpar la mama, cualquier anomalía en la piel deberá alertarnos. Obviamente, existen síntomas menos frecuentes y más alarmantes como anomalías en la zona del pezón, sangrado, dolor, etc.

El diagnóstico precoz es clave para evitar la extirpación de la mama. Permite detectar lesiones pequeñas en las que se pueda extirpar solo la cantidad de tejido precisa y preservar el resto.

La salud mental durante el cáncer de mama

Recibir una noticia así no es fácil de asimilar, puede ser un momento angustiante y debemos contar con las herramientas necesarias para obtener ayuda y apoyo profesional durante todo el proceso.

Los pensamientos que rodean a un diagnóstico de cáncer son confusos y las mujeres que lo padecen pueden sentir rechazo en sus relaciones personales, cansancio, preocupación por los síntomas, por el tratamiento, por el impacto estético y, obviamente, por la muerte. Todo ello sumado a que se generan situaciones de ansiedad, estrés y depresión.

Y, todo ello, es normal. 

Todas esas sensaciones son normales, son una reacción perfectamente común y justificada ante la aceptación de una enfermedad grave y con un cierto tabú social -que afortunadamente, va reduciéndose-.

Lo más importante es que esta sensación abrumadora no nos limite a la hora de tomar decisiones para mejorar. Contar con el apoyo de un psicólogo que nos acompañe durante el proceso nos ayudará a sobrellevar la enfermedad y los cambios que puedan derivarse de la misma, y también a afrontar mejor la ansiedad o el estrés que esta nos ocasiona.

Además, la salud mental no solo afecta a nuestro pensamiento o nuestras sensaciones, sino que también se refleja en nuestro cuerpo. Aprender a afrontar la enfermedad ayuda a reforzar el sistema inmunológico. La comprensión de la enfermedad y de su tratamiento genera una mayor disposición de nuestro cuerpo para reponerse.

Conocer estrategias para entender la situación en un entorno de seguridad nos ayuda a lidiar contra el dolor y la inseguridad, en definitiva, nos ayuda a hacer frente al miedo y la crisis emocional. De hecho, en muchos casos el tratamiento físico termina antes que el mental. Esto es porque nuestro cerebro trabaja despacio, mezcla emociones y necesita comprender los cambios para poder asumirlos.