Las primeras mujeres legionarias: el caso de Petra Pérez

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En los tiempos que corren que haya mujeres legionarias no debería extrañarle a nadie, pero sin embargo, hubo un tiempo en el que no estaba permitido su ingreso. La presencia de la mujer en el ejército ha estado siempre ahí, de un modo u otro, aunque es cierto que ha llevado mucho tiempo y devenires de la historia que adquiriese un puesto y funciones igualado al de los varones.

Los ejércitos napoleónicos tenían seguidoras conocidas como cantinières o vivandières, cantineras a las que se permitía vender comida y bebida y acompañar al regimiento.

A menudo estas cantineras permanecían con el batallón en el campo de batalla, portando brandy, agua y munición para los soldados y ayudando a transportar a los heridos a la retaguardia. Este papel se mantendría en diferentes ejércitos de todo el mundo hasta la Primera Guerra Mundial.

En el Tercio o la Legión Española, acompañaron a las tropas en las campañas africanas, Petra Pérez, Juana Miró y Vicenta Valdivia, la Peque, conocidas por todos los legionarios por su heroísmo y valentía y su apoyo en el campo de batalla.

En la Guerra en el Rif fueron condecoradas con el Mérito en Campaña por su valor Roseta Miró y la enfermera Rosario Vázquez.

Claro que, esto son casos contados y anecdóticos, que nos sirven para demostrar la búsqueda de la igualdad en todo momento y situación, pero, un cuerpo tan masculino como la Legión necesitó que pasasen 70 años desde su fundación para aceptar oficialmente (y sin nombres falsos) a una de las primeras mujeres legionarias, Pilar Hernández Frutos, hoy comandante médico.

El caso de Petra Pérez

Cuenta la historia que en la época de las guerras de Marruecos acompañaba siempre a los legionarios una mujer que era cantinera, cocinera y confidente, además de muy valiente y respetada. Siempre estaba en primera línea de combate y actuaba frecuentemente como enfermera de batalla.

En el libro Mis encuentros con Franco, José María Pemán cuenta toda clase de anécdotas y retratos entre los que no puede faltar una alusión a la Legión. En este libro se relata como en una cacería en el Puerto de Santa María se citó una frase que los ingleses utilizaban para definir el Parlamento británico “el Parlamento puede hacerlo todo menos que un hombre se convierta en mujer”.

A esta afirmación rebatió el propio Franco, haciendo público así el caso de Petra Pérez. Petra trabajaba como cantinera y cocinera en el Tercio; en aquel momento una orden ministerial prohibía que las mujeres acompañasen en las marchas a la tropa y, por ese motivo, Franco sentó plaza para Petra.

Desde ese momento tenemos constancia de que una mujer fuera oficialmente alistada en la Legión, y también sabemos que lo estuvo durante, al menos, un año. 

Después de este tiempo, en una salida de vacaciones, Petra regresó con novio y prometida, por lo que debía abandonar el cuerpo. Para ello se llevó a cabo un nuevo parte oficial que citaba: “Se da de baja el legionario Pedro Pérez, caído en acción de guerra”.

Poco más se sabe de la historia de Petra Pérez, aunque pervive en la memoria y como parte de nuestra historia como la primera mujer legionaria, un paso temprano hacia la igualdad para las mujeres legionarias que vendrían después.