Educación y diversión contra el cáncer infantil

cancer infantil

Un diagnóstico de cáncer inevitablemente cae siempre como un jarro de agua fría sobre la persona diagnosticada y su entorno más cercano. Si el paciente es, además, un niño, entran en juego otros factores: en muchas ocasiones, no pueden acudir al colegio por tener que permanecer ingresados en el hospital para realizar un tratamiento o diversas pruebas y, aunque no pierdan la escolaridad y cubran los conocimientos del currículo (en general, gracias a docentes de apoyo), sí pierden el vínculo con el resto del alumnado de la clase, que es extremadamente importante. 

Según datos del observatorio de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), el cáncer infantil afecta en España a 931 menores al año con edades comprendidas entre cero y 14 años. El grupo de 4º de primaria del colegio San Roque-Los Pinares de Santander ya ha pasado por esta dura experiencia en más de una ocasión: en la clase, que cuenta con tan solo siete alumnos, dos de ellos están en tratamiento por cáncer. Sin embargo, también ha demostrado con creces que ha aprendido a brillar ante la adversidad. Según sus docentes, lejos de verse amedrentado por la situación, el grupo ha salido fortalecido, especialmente a nivel empático y emocional. 

Brillar ante el cáncer infantil

Todo empezó desde la improvisación del grupo, de una manera orgánica y natural: al darse cuenta de que sus compañeros no podrían acudir al aula, los niños y niñas de la clase, acompañados por sus docentes, decidieron realizar visitas a domicilio todos los meses con el objetivo de hacerles llevar la enfermedad con la mayor alegría posible. Sin embargo, comprobaron que este efecto se producía también a la inversa. Así, el profesorado y los compañeros de aula volvían muy motivados y cargados de energía para seguir realizando actividades. 

Por otro lado, los docentes se dieron cuenta de que veían florecer ciertos valores que, hasta ese momento, habían sido mencionados en el aula, pero siempre se habían quedado en el plano teórico. Poco a poco, estas visitas se fueron convirtiendo en lo que hoy es el proyecto «El patio de su casa» (que toma el nombre del lugar en el que realizan la mayoría de las actividades). Así, pudieron ponerse a trabajar la educación emocional «en un aspecto mucho más práctico de lo que se puede hacer en el colegio a nivel curricular».  

Normalizar la enfermedad entre los más pequeños

Otra de las claves de este proyecto es la normalización de la enfermedad. Pablo Sánchez, uno de sus profesores, comenta que, a lo largo de este tiempo, «el alumnado ha aprendido mucho sobre el cáncer y lo ha conseguido normalizar». Según explica, los niños diagnosticados les han contado a sus compañeros todos los entresijos de la enfermedad sin ningún tapujo, así como las operaciones, pruebas o tratamientos por los que han pasado. Tampoco han ocultado los efectos de la quimioterapia, como la pérdida del pelo o la delgadez. 

A uno de los niños, que tiene cáncer de huesos, le escribieron un libro de chistes entre todos para que se riera durante su hospitalización y también le decoraron la habitación del hospital, porque durante las videollamadas les parecía que era poco acogedora y atractiva. Además, han llegado al punto de bromear sobre el hecho de que cuando le pongan la prótesis de titanio, no le harán falta espinilleras para jugar al fútbol. 

Un proyecto en crecimiento

A medida que «El patio de su casa» crecía, los docentes entraron en contacto con la psicooncóloga del hospital de Valdecilla, que les da pautas y acompaña en este proceso. Además, han lanzado una guía para que docentes, colegios y centros no reglados puedan aprender de su experiencia. Esto también fomenta la inteligencia emocional y los valores en los alumnos. Educar sobre estos dos pilares es esencial para garantizar una formación integral que contribuya al pleno desarrollo de la persona y fomentar en el alumnado una serie de principios que ayuden a formar ciudadanos comprometidos el día de mañana.