Firma de hombre para poder publicar

Autoras

Dicen que un escritor vale lo que vale su firma. Lejos de ser un mero acto de vanidad, todos los escritores quieren ver sus obras publicadas con su nombre. ¿Por qué? Porque esta es una manera de reconocer el trabajo bien hecho.

Todos tenemos a ese autor favorito cuyos libros nos sirven como analgésico, como ventana  a un mundo que nos ayuda a evadirnos de nuestras propias realidades. Los libros, desde siempre, se han convertido en una vía de escape, en una manera de viajar desde el sofá de nuestra casa, en una forma de conocer lugares, personas y acontecimientos históricos que, de otra manera, hubiera sido imposible.

Hoy, Día del Libro, es una jornada dedicada a homenajear a todas las historias contadas por sus autores y autoras a través de sus páginas. Es el día de recordar a los mejores escritores que nos ha dado la literatura; también de otorgar su espacio a aquellos autores noveles que están editando o acaban de publicar su primer libro. También es el día perfecto para recordar y homenajear a todas aquellas mujeres que, aún teniendo talento de sobra, no pudieron publicar sus novelas bajo su firma, sino que tuvieron que usar el anonimato o pseudónimos.

Esta práctica era muy habitual a lo largo de toda la historia de la literatura. Obras tan emblemáticas para nosotros, como ‘El Lazarillo de Tormes’, están firmadas por un autor anónimo y, a día de hoy, existen muy pocas pistas que nos descubran quién lo escribió.

La literatura necesita autoras

Los motivos por los que muchos autores no han firmado sus publicaciones con su firma. Sin embargo, hoy, Día del Libro, vamos a recopilar la figura de alguna de las autoras más brillantes de la literatura universal que tuvieron que firmar con nombres masculinos para poder publicar, porque en su época la literatura “no era cosa de mujeres”.

Sin embargo,  esto no quiere decir que las mujeres no hayan tenido presencia en la literatura, ya que la primera autora conocida de la Historia fue la sacerdotisa acadia Enheduanna, hija del Rey Sargón I de Acad, que vivió en la región de Sumeria en el siglo 3 a.C. Por otro lado, la primera gran novela fue publicada bajo la firma de la japonesa Murasaki Shikibu en el siglo XI.

Por tanto, las razones por las que se le ha negado a muchas mujeres la autoría de sus obras corresponde al establecimiento de una sociedad centrada en la figura masculina que relegó a la mujer a un segundo plano.

Menos mal que esto no hizo mella en la imaginación, creatividad y talento de muchísimas autoras que quisieron compartir sus escritos con el mundo, aunque tardasen mucho tiempo en ser debidamente reconocidas y aunque tuvieran que recurrir a nombres masculinos.

Estas son algunas de las autoras que utilizaron pseudónimos para poder publicar.

Las hermanas Brontë

En 1836, la profesora Charlotte Brontë, estaba muy orgullosa de unos poemas que había escrito y decidió enseñárselos al poeta Robert Southey para pedirle su opinión sobre si dichos versos merecían ser publicados. La respuesta que recibió tres meses después valoraba positivamente la calidad de los textos, pero no podían ser publicados porque “la literatura no puede ser asunto de la vida de una mujer”.

Menos mal que esta autora no se dejó amedrentar por la hostilidad de su colega y publicó igualmente sus poemas bajo el pseudónimo de Currer Bell. Gracias a ellos, tenemos joyas literarias como ‘Jane Eyre’.

El talento para la redacción era herencia familiar en casa de los Brontë, y la hermana de Charlotte, Emily, se encontró con el mismo problema: no podía publicar con su nombre por ser mujer. En su caso, editó sus poemas y su obra maestra ‘Cumbres Borrascosas’, bajo el nombre de Ellis Bell.

De esta manera, ambas mantenían sus iniciales reales y seguían “siendo hermanas”.

Amantine Dupin

La historia de Amantine Dupin es de aquellas que merece la pena admirar por lo mucho que reivindicó la figura de la mujer. Con las calles de París como actores secundarios fue, además de autora, periodista y revolucionaria en la Asamblea de Versalles.

Como otras autoras, Dupin tuvo que “cambiarse de nombre” para publicar obras tan reconocidas como ‘Indiana’ o ‘Lélia’. ¿Su alter ego? George Sand.

Cecilia Böhl de Faber

No se puede hablar de novela costumbrista sin mencionar a esta autora o, a su alter ego: Fernan Caballero. Este alias, formado por dos nombres masculinos, lo adoptó de la población del mismo nombre existente en Ciudad Real.

Bajó él, escribió novelas tan impresionantes como ‘La Gaviota’, la historia del triunfo y la desgracia de una joven dotada de una maravillosa voz.

Louisa May Alcott

Hoy, todos reconocemos la autoría de Louisa May Alcott como escritora de ‘Mujercitas’. Sin embargo, hace unos años no fue así. Durante mucho tiempo, temiendo no ser tomada en serio si publicaba con su verdadero nombre, lo hizo bajo la firma de A. M. Barnard.

Cabe destacar que, tras haber escrito muchos relatos bajo este seudónimo, la autora luchó por publicar su obra maestra con su nombre real.

J.K. Rowling

Lamentablemente no hay que irse muchos siglos atrás  para encontrar la historia de autoras que tuvieron que recurrir a otro nombre para publicar. En nuestros tiempos, todos sabemos que la saga de ‘Harry Potter’ está publicada por una mujer, ¿pero te has dado cuenta de que no publica con su nombre completo, sino que firma con sus iniciales?

La razón es que cuando iba a publicar el primer libro de la saga en la editorial decidieron que estos libros tendrían más tirón si adoptaba un seudónimo masculino o si jugaban con la duda de las iniciales.