Lili Álvarez, primera europea en participar en unos Juegos Olímpicos

Lili Álvarez

¿Te dice algo el nombre de Lili Álvarez? Posiblemente no te suene de nada, pero su historia es de aquellas que merecen ser contadas por la cantidad de estereotipos que rompió, las barreras que derribó y lo muchísimo que aportó al feminismo del siglo XX.

Hoy en día conocemos el nombre de muchísimas deportistas que demuestran que una mujer tiene las mismas capacidades que un hombre para triunfar en cualquier disciplina y, aunque todavía queda mucho trecho por recorrer, lo cierto es que vamos por el buen camino. Sin embargo, a principios del siglo pasado, eran escasísimas, por no decir inexistentes, las figuras femeninas en el deporte; no porque no tuviesen aptitudes, sino porque no se les dejaba demostrarlas.

Este es el caso de Lili Álvarez (Elia María González-Álvarez y López-Chicheri), de padres españoles y nacida en Roma en 1905. Perteneciente a una familia adinerada y dada la delicada salud de su madre, Lili creció en Suiza, donde el papel de la mujer estaba mucho menos limitado. Gracias a ello, pudo empezar a practicar deporte desde muy niña.

Lo cierto es que Lili Álvarez no se conformó solo con uno, sino que probó infinidad de ellos y muy dispares entre sí. Por ejemplo, probó con el billar cuando apenas llegaba a la mesa y también practicó equitación y tenis. Sin embargo, sus preferidos siempre fueron los de invierno, como el esquí alpino y el patinaje artístico con el que consiguió su primera victoria deportiva.

Ningún deporte se le resistió a Lili Álvarez

Su primer galardón llegó muy pronto, cuando tan solo tenía 11 años. En esta ocasión ganó su Primer Campeonato de Saint Moritz superando a la campeona francesa de la época, Melle Joly. Gracias a esta victoria, recibió la convocatoria para representar a España en Chamonix 1924, los primeros Juegos Olímpicos de invierno de la historia. Sin embargo, no pudo acudir debido a una lesión.

Esta lesión no hizo que Lili Álvarez se quedase quieta en su casa, sino que probó la adrenalina y participó en el Campeonato de Cataluña de Automovilismo. En aquella época, aún no existía categoría femenina por lo que compitió en la masculina ganando, además, sin demasiada dificultad y convirtiéndose en la primera mujer en ganar esta competición.

Debido a esta lesión que le alejó de los deportes de invierno, Lili retomó el tenis y tan solo con 14 años había ganado el campeonato de Ginebra. De este modo, fue convocada para los Juegos Olímpicos de París de 1924 para jugar dobles junto con Rosa Torras. Hasta ese año no había habido ningún deporte femenino, por lo que ambas se convirtieron en las primeras mujeres españolas en competir en unos Juegos Olímpicos de Verano.

París 1924 supuso el pistoletazo de salida para una prolífica carrera en el tenis. Llegó a la final en Wimbledon tres veces consecutivas (entre 1926 y 1928). Sin embargo, hubo que esperar a 1994 para que otra española, Conchita Martínez, ganase el torneo.

Fue en 1929 cuando Lili Álvarez ganó el Roland Garros en la modalidad de dobles, junto con Kea Bouman y, un año después, pudo imponerse en el Torneo de Roma. Precisamente ninguna otra española conquistó este título hasta 1993 que, en esta ocasión, volvió a ser Conchita Martínez.

Tenista y periodista

Gracias a su educación europea, tenía una visión del papel de la mujer mucho más avanzado del que había en España en esa época. Tanto es así que llegó a escandalizar a todo el mundo en 1931 cuando acudió a Roland Garros con una falda pantalón especialmente diseñada para ella. De este modo, acabó siendo la precursora de los pantalones cortos que se popularizaron en la década de los 40.

Durante toda su vida compaginó su carrera como deportista con la de escritora y periodista siendo una de las primeras mujeres en cubrir noticias deportivas en el periódico argentino ‘La Nación’.

En 1931 comenzó a colaborar con el ‘Daily Mail’, donde hablaba sobre la situación de la política española. Fue en este medio donde entrevistó a Clara Campoamor y a Victoria Kent.