El brillo especial del 2020

2020

Cuando empezamos el año 2020 hace ya casi 12 meses jamás hubiésemos imaginado todo lo que nos iba a tocar vivir. La felicidad propia de cada Nochevieja que se mezclaba con los abrazos, besos, ilusión y los deseos de un año nuevo lleno de éxitos, tardaron solamente unos meses en desvanecerse.

Esos deseos, buenas intenciones y el pensamiento recurrente de: “Este va a ser mi año”. Y, ya sea para bien o para mal, lo ha sido. Y es que todos tendremos este 2020 tatuado a fuego en nuestra memoria.

No es fácil ser optimista ante las adversidades. Hemos despedido a personas cercanas antes de tiempo, hemos perdido abrazos y besos que ya no podremos volver a dar, hemos asistido a situaciones que jamás hubiéramos imaginado que tendríamos que vivir y hemos llegado a pensar, por un solo momento, que jamás volveríamos a brillar como antes.

Un 2020 lleno de aprendizajes

Pero también hemos descubierto de lo que somos capaces, hemos aprendido a darle a las cosas su valor real y a echar de menos (que en ocasiones nos olvidamos de lo importante que es echar de menos) a nuestros seres queridos para darnos cuenta de la falta que nos hacen y lo poco que se lo decimos. Nos hemos apiadado del dolor ajeno, llegando  a sentirlo casi como nuestro, y hemos sentido también cómo nuestras las alegrías de los demás. En definitiva, este año aún con todo lo malo que nos ha traído, nos ha enseñado a dar lo mejor de nosotros mismos y nos ha demostrado que todos podemos brillar, que todos somos seres excepcionales.

Si algo nos ha enseñado el 2020 es la solidaridad. Lo vimos cuando en marzo, cerraron los comercios, los colegios, los bares, los restaurantes y todo el equipo médico del país se unió con una sola misión: salvar todas las vidas posibles luchando contra un enemigo desconocido, violento y escurridizo. Los problemas de salud que conocíamos hasta entonces pasaron a ser “problemas menores” y solo podíamos ir al centro de salud si teníamos síntomas compatibles con este virus.

Fue ahí cuando vimos uno de los primeros destellos de solidaridad cuando muchos médicos especialistas que en ese momento no podían pasar consulta ofrecían sus servicios a través de Twitter para que el resto de usuarios pudiera hacerle las consultas de salud que necesitasen.

Este año también nos ha enseñado empatía, esa que a veces olvidamos. Y vino en forma de cartel en los ascensores de gente muy joven que se ofrecía a hacer la compra o pequeños recados para evitar que gente mayor, la que podrían no conocer de nada, no tuviesen que salir a la calle y exponerse a un contagio que se ha cebado en exceso con aquellos que deberían permanecer con nosotros para siempre.

También hemos aprendido que, aunque no hay nada que sustituya el calor de un abrazo, se puede abrazar con los ojos y aunque sea a través de las mascarillas hemos podido acompañar, dar apoyo y consuelo. Y no olvidemos la compañía que han hecho muchos voluntarios anónimos escribiendo cartas a las personas que estaban ingresadas en los momentos más duros de la pandemia.

Brillamos en la adversidad

Algo muy positivo que tiene el ser humano es que sabe brillar a pesar de la adversidad y aunque este año nos ha prohibido hacer muchas cosas, la gente se ha seguido casando, mudándose, teniendo hijos, descubriendo pasiones… en definitiva… hemos seguido viviendo.

Porque de esta saldremos sabiendo de todo lo que somos capaces, sabiendo que, aunque la situación sea dura, tenemos motivos para seguir brillando. Y desde Gente que Brilla seguiremos contando historias de esas que merece la pena escuchar, historias que demuestran que se puede, que dan fuerza para continuar, historias de superación que emocionan y, en definitiva historias de gente BRILLANTE