Santoña, donde marisma y montaña se unen

Santoña

Si algo nos viene a la cabeza cuando pensamos en Santoña son sus anchoas y un olor a villa marinera y sal y, si hay algo que no puede faltar en los entrantes de una cena navideña también tenemos claro que ellas son las reinas.

Hoy nos acercamos un poco a su tradición conservera en una entrevista a Ignacio Corral, Director General de Consorcio, un referente en la zona. 

Con ilusión nos comparte su visión de la empresa y nos acerca a un pueblo que brilla y se mantiene vivo gracias a su tradición pesquera, que continúa inamovible ante el paso del tiempo.

Grupo Consorcio, tradición e inversión unidas

Salivando llamamos a la puerta del Consorcio, un grupo conservero, líder en productos del mar desde hace más de 50 años. El olor a bonito invade toda la fábrica, donde cientos de trabajadores llevan un ritmo imparable mientras siguen una labor en cadena.

Ignacio nos cuenta que el Grupo Consorcio se funda en 1950, pero que, sin embargo, la tradición conservera y de salazón en Santoña se remonta al siglo XIX, cuando los salatori italianos llegaron a la zona y, enamorados por el carácter de la gente y la excelente materia prima que les ofrecía el Cantábrico, decidieron asentarse allí. Ese origen arranca en Santoña y el Grupo Consorcio ha sido uno de los encargados de ayudar a buscarle un hueco como referente a nivel internacional.

En 1950 un grupo de productores italianos se establecen en la zona para proveer a su mercado de pesca y productos en conserva donde buscan que prime la calidad. A día de hoy, Italia sigue siendo uno de los principales mercados del Grupo Consorcio, aunque vende a más de 40 países diferentes. Eso sí, como el propio Ignacio nos dice: “fieles a nuestros orígenes y al proyecto inicial de suministrar al mercado italiano”.

Hemos crecido desde unos orígenes humildes y nos gusta mantener nuestras tradiciones.

Y no solo son fieles en su orientación al mercado, sino, lo más sorprendente, en sus técnicas, porque, aunque parezca sorprendente el proceso de salazonada y fileteado sigue siendo manual y muy similar al que se realizaba hace más de 100 años. 

Lo único que ha variado es el enlatado, por lo demás, el proceso es fiel al proceso original. A un ritmo frenético trabajan coordinados a la perfección con las máquinas. Una cuchilla corta el bonito mientras otra persona lo va recogiendo y fileteando para meterlo en botes de cristal minuciosamente encajados hasta llegar al producto final que llega a tu mesa.

Santoña, un pueblo, sobre todo, alegre

Podemos decir muchas cosas de Santoña, un pueblo en un entorno privilegiado, rodeado de una de las diez marismas más importantes de Europa, siempre de cara al mar, manteniendo su tradición de pueblo pesquero y conservero.

Si tuviese que definir Santoña con una sola palabra, Antonio escoge: alegría. Santoña es un pueblo alegre, con mucha vida, donde se disfruta de la vida en cada momento, en un entorno vital y especialmente social. 

A la hora de trabajar, obviamente ofrece facilidades para su empresa, puesto que cuenta uno de los puertos fundamentales desde donde se obtiene el mejor atún y anchoa del Cantábrico. Por su propia experiencia anima a aquellos que quieran emprender en un entorno rural, solo tienes palabras de ánimo: “hay áreas en las que sabemos hacerlo y podemos competir muy bien y es a través del emprendimiento y la innovación como se logra avanzar y crecer”.

Y es que emprender es duro, pero muy gratificante, ningún proyecto es sencillo, pero cuando nos lo proponemos todo se puede hacer, las nuevas tecnologías, la deslocalización y el desarrollo lejos de las ciudades es mucho más real y factible que hace unos años. 

Y es que, si algo han aprendido en casi un siglo de trayectoria, es que la tradición de los pueblos siempre es un punto a favor: “por eso aunamos en nuestros productos tradición e innovación”.