Tradición y amor por la tierra en Jamones El Regalao

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Confinamiento. Terraza. Aire libre. Todas estas palabras nos han recordado lo importante que es el lugar donde vivimos. Un año en el que hemos tenido que estar más que nunca en casa, a veces lejos de los nuestros, mucha gente se ha replanteado si viven donde realmente quieren. Esta circusntancia ha hecho que muchos piensen en regresar al pueblo y es que no hay casi nada que no se pueda hacer desde estos lugares. 

Hoy, en #PueblosQueBrillan viajamos a Higuera de la Serena de la mano de Miguel Romero, director comercial en Francia de El Regalao, una fábrica de productos ibéricos que ya camina por su tercera generación de artesanos del ibérico, como ellos mismos se definen. Un ejemplo más del futuro (y presente) que hay en el entorno rural.

El origen de El Regalao

El Regalao nació hace algo más de 50 años cuando la abuela del socio de Miguel comenzó esta andadura. Una mujer emprendedora con una idea y mucha energía.

Viviendo en Higuera de la Serena, un pequeño pueblo de Badajoz, ya próximo a Córdoba,  comenzó a trabajar con productos locales provenientes del cerdo ibérico: morcilla patatera, jamones… pero con un enfoque tradicional, como no podía ser de otra manera. Los pequeños pueblos con encanto dibujan historias con encanto.

Su hijo, Regalao, se encargó de tomar el testigo, heredando todo su saber hacer y convirtiendo un negocio local en un negocio nacional, en el que sigue trabajando desde Higuera de la Serena, sin abandonar el lugar que ha unido a familias durante tanto tiempo.

“Ahora ya formamos parte la tercera generación”, encarnada por Antonio, actual socio de Miguel, que son quienes han decidido dar el salto al comercio internacional. 

Comenzaron su proyecto de exportación en Francia y ahora ya venden en cinco países diferentes.

http://https://www.youtube.com/watch?v=1xKcIPtb0fA&feature=youtu.be

Higuera de la Serena

Porque no podemos hablar de El Regalao sin hablar del pueblo, que es sin duda germen y generador de la riqueza del producto. Se trata de una zona de dehesa, rica en olivos y bellota, que ha favorecido, sin duda, la fabricación de aceite y la cría de cerdo ibérico. 

Un lugar con encanto, un pueblo que brilla en la dehesa y que se adapta a los nuevos tiempos abriendo nuevas oportunidades. 

Higuera de la Serena forma parte de un conjunto de pueblos, distanciados unos de otros, que nos hacen reflexionar sobre la iniciativa de esa abuela, que vivía en un pueblo más poblado que hoy en día, pero que para poder comercializar en las cercanías nada le quedaba a menos de 5 ó 6 km. de distancia.

Actualmente la despoblación es algo que no se puede negar, con su crecimiento estival, pero no en el día a día. Aunque sabemos que las circunstancias están invirtiendo esta tendencia y en el caso de El Regalao es más que evidente, puesto que aunque Antonio y Miguel se encuentren en la comercialización exterior, la producción sigue realizándose en Higuera de la Serena. 

«La manera que tienen aquí de atender a la gente de fuera es maravillosa. Son muy serviciales, muy abiertos. Su casa es tu casa y en muy pocos sitios te atienden así”

Un lugar que a Miguel, asturiano de nacimiento e higuereño de adopción, no le trae más que buenas palabras a la mente, sobre todo cuando nos habla de sus vecinos, “serviciales, hospitalarios y atentos. De esos lugares que te hacen sentir como en casa en cuanto los pisas por primera vez”.

Cómo llegan Miguel y Antonio al lugar donde están

Pues como tantas historias emprendedoras, comienza con compañeros de Universidad. Miguel y Antonio estudiaron juntos en Salamanca, ciudad que une Asturias y Extremadura en esta aventura. Se separan al terminar los estudios, cuando Antonio decide montar una fábrica de jamones en Bolivia, con apoyo de una inversión americana. 

A su regreso, se reencuentran y comienzan a estudiar la manera de apoyar el negocio familiar de Antonio en la rama internacional, tratando de abrir mercado en Francia.

Pronto se encontraban trabajando con grandes superficies como Leclerc e Intermarché, obviamente porque el producto ofrecía una buena calidad y un precio competitivo. No obstante, eso les ha permitido aprender mucho, sobre todo de las exigencias de trabajo y formas de venta de otros países, que nada tienen que ver con las de España.

Emprender en el pueblo

Obviamente la situación de este año 2020 nos hace reflexionar sobre el regreso a los entornos rurales, dejar de vivir en pisos pequeños y poco luminosos mientras pasamos horas y horas en eternas jornadas laborales, traslados…

Mucha gente está cambiando su medio de vida y su enfoque laboral para trasladarse a zonas rurales, incluso cambiando sus profesiones por otras mucho más tradicionales y ganando la energía que da emprender y ser dueño de un negocio propio.

No podemos olvidar el aprendizaje que esto supone también, la relación directa con generaciones anteriores, que siguen habitando y trabajando en esos pueblos y que son una fuente de sabiduría constante. Algo que probablemente habíamos olvidado y que nos aporta mucho más de lo que pensábamos.

En definitiva, irse a un pueblo y montar un negocio puede sonar arriesgado, pero nace mucho más como un sueño que como una obligación y la línea de la felicidad es algo que se encuentra muy cerca de esa idea.

Probablemente es una buena reflexión para esta Navidad.