Ada Lovelace, la primera mujer programadora

Primera mujer programadora

Si ahora, en pleno año 2020 le preguntáramos a estudiantes de Bachillerato a qué se quieren dedicar, muchos de ellos nos responderían que estudiarían Matemáticas, Informática o incluso Física para poder ejercer profesionalmente como programadores.

Desde hace unos años, el de programador se ha convertido en uno de los perfiles más solicitados por las empresas y más soñados por los alumnos debido a su alta empleabilidad y sus elevados sueldos.

Sin embargo, muchos programadores o aspirantes a ello no conocen la historia de la gran mujer de la que hablaremos en este post: la primera mujer programadora de la historia. 

Educación basada en la ciencia y las matemáticas

Como en otras muchas vertientes de la ciencia, no es que nuestra protagonista utilizase códigos de programación ni mucho menos, sino que sentó las bases de lo que hoy conocemos como programación al descubrir el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina.

Ella era Ada Lovelace (1815), hija de la baronesa Annabella Noel-Byron y del poeta lord Byron. Ada recibió por parte de su madre una educación enfocada a la ciencia y a las matemáticas que huía de cualquier inclinación artística. ¿La razón? Sus padres se separaron siendo Ada aún un bebé, ya que Annabella se enteró de que la hermanastra de su marido era también su amante.

Tras este descubrimiento, la madre de Ada se aseguró de que esta no volviera a tener jamás contacto con su padre e incluso reprimió que ésta se pareciese a Lord Byron obligándola a estudiar matemáticas y tratando cualquier tipo de inclinación artística como una enfermedad.

Vivió la Revolución Industrial

De esta manera, la adolescencia y juventud de la que sería la primera mujer programadora de la historia transcurrió rodeada de los avances científicos que estaban teniendo lugar en Inglaterra en plena revolución industrial. Así, Ada pudo admirar novedosas máquinas como el ‘telar de Jacquard’ que utilizaba tarjetas perforadas y fomentando su amistad con su modelo y mentora, la prestigiosa científica Mary Sommerville.

Gracias a ella conoció al científico Charles Babbage, que estaba presentando en sociedad  un modelo parcial de su máquina diferencial, un artilugio que servía para calcular secuencias de números.

Sin embargo, por muy atraída que se sintiese Ada por esta máquina no podía evitar que debía cumplir con su deber como mujer de la alta sociedad, por lo que en 1833, con solo 17 años, fue presentada en la Corte y casada con William King.

Pero este no fue el final de su carrera como matemática. Debido a un deterioro de su salud, comenzó a abusar de los opiáceos lo que le provocaron delirios y cambios de humor. Incluso llegó a describirse como un genio de las matemáticas, con cualidades inhumanas. Esta gran concepción que tenía de sí misma le ayudó a volver a retomar los estudios y, aunque no logró que Babbage fuera su profesor, sí colaboraron.

También imaginó la inteligencia artificial

Así logró desarrollar lo que hoy se conoce como el algoritmo informático para el que Ada tomó como ejemplo los números de Bernoulli para describir, por medio de un diagrama, las operaciones que la máquina de Babbage tendría que realizar para calcularlos. Asimismo, explicó también cómo introducir este algoritmo en la máquina y esbozó conceptos informáticos como “bucle” o “subrutina”.

Aunque es por esta publicación por lo que ha sido reconocida como la primera mujer programadora de la historia, también imaginó la inteligencia artificial al idear una máquina que pudiera programarse y reprogramarse para realizar diferentes tareas. Sin embargo, esta idea la rechazó. 

Ada también supo ver que la máquina analítica no tenía por qué limitarse al cálculo matemático sino que podría procesar cualquier cosa que pudiera expresarse mediante símbolos. Sin saberlo, la primera mujer programadora también inventó lo que hoy conocemos como un ordenador.

Sin embargo, el Gobierno Británico no quiso financiar la máquina de Babbage por lo que este acabó rechazando a Ada quien, atormentada por su enfermedad y el abuso de los opiáceos acabó buscando refugio en el juego y en los hombres. Así, la primera mujer programadora moriría a los 36 años víctima de un cáncer de útero.