Altas temperaturas y mascarilla obligatoria: ¿cómo sobrevivir a esta combinación?

mascarilla

Prácticamente todas las comunidades autónomas de España, con la única excepción de Canarias, se han sumado al camino que hace solo unas semanas abrió Cataluña: la mascarilla pasa a ser obligatoria en las zonas públicas, independientemente de si puede mantenerse o no la distancia social. 

Se trata de una medida necesaria para ayudar a contener los numerosos rebrotes que se están registrando por todo el país, pero que llega en uno de los peores momentos del año: los meses más calurosos del verano

Muchos españoles están descubriendo, en efecto, que la combinación entre mascarilla y altas temperaturas puede ser difícil de sobrellevar. Aunque pocas personas rechazan el uso del cubrebocas -España es uno de los países más concienciados de Europa-, llevarlo con temperaturas que en ciertas zonas pueden superar a diario los 40°C se hace, sin duda, difícil.

¿Qué precauciones se deben tomar al usar mascarilla en un día de calor?

Antes de nada, es importante entender que la mascarilla no reduce la función respiratoria. Muchas personas experimentan una sensación de ahogo al llevarla durante cierto tiempo, pero los expertos lo tienen claro: es un problema mental, no físico, causado por la falta de costumbre. 

Es decir, aunque pueda producirse una mínima acumulación de aire en el interior, no vamos a asfixiarnos por llevar la mascarilla. Esto es aplicable incluso a las personas que sufren asma, bronquitis u otras afecciones respiratorias.

Por lo tanto, no hace falta quitarse o bajarse la mascarilla a intervalos regulares para poder respirar mejor, como hacen algunas personas. No obstante, sí deberíamos hacerlo para seguir uno de los consejos típicos de los meses cálidos, quizás incluso más importante este verano: hidratarnos con regularidad. Con mascarilla o sin ella, beber agua cada poco tiempo sigue siendo muy importante. Lo mismo se aplica a otras recomendaciones habituales: evitar las horas más calurosas del día, buscar la sombra, utilizar un abanico, permanecer en espacios acondicionados, etc.

Recordemos que la mascarilla es una medida de seguridad

Como podemos ver, los consejos que podemos seguir para sobrellevar el uso de la mascarilla durante los meses más calurosos del verano no difieren demasiado de los que leemos todos los años. Al final, uno de los principales motivos por los que sufrimos tanto llevándola cuando hace calor es, como ya hemos señalado, la falta de costumbre.

Pero, desde luego, vale la pena que nos acostumbremos a ella. Para bien o para mal, parece que el coronavirus seguirá entre nosotros durante bastantes meses y en ningún momento debemos olvidar que la mascarilla no es un engorro, algo que nos obliguen a llevar para fastidiarnos, sino, por encima de todo, una medida de seguridad. La mascarilla no es muy diferente del cinturón de seguridad del coche: ya sabemos que puede resultar molesto en ocasiones, pero los beneficios de ponérselo compensan por mucho el incordio que supone.

Y este, por cierto, es el motivo por el que al escoger una mascarilla no deberíamos pensar únicamente en términos de confort -qué me generará menos sensación de asfixia, cuál será más holgada, etc.- sino sobre todo en nuestra seguridad: cuanto mayor sea la protección (por los materiales, el diseño, etc.), mejor, incluso aunque eso suponga que no vayamos tan cómodos. A largo plazo, lo agradeceremos.