Plantando cara a la pobreza

El día a día de quienes tienen que soportar la miseria más absoluta llega a ser aterrador. Falta de recursos para poder comer, no poseer un techo donde dormir o sufrir todo tipo de abusos son algunas de las dificultades por las que pasan algunas personas. Conoce la historia de Kimuli Isaac, un auténtico luchador.

La crudeza de las calles de Uganda

Kimuli Isaac nació en 1986 en una aldea del interior de Uganda, donde el 16,16 % (2016) de la población se encuentra bajo el umbral de la pobreza. La tragedia se cebó pronto con Kimuli, ya que a los cuatro años perdió a su padre. El negocio que regentaba, su casa y posesiones fueron a parar a sus parientes más próximos, quienes no dudaron en venderlos de inmediato.

Además, su madre fue obligada a casarse de nuevo, algo que rechazó de inmediato. Ante esta actitud, los habitantes de la aldea y sus propios familiares le dieron la espalda. Por desgracia, al poco desarrolló cáncer de pulmón y, para poder pagar los medicamentos para frenar los dolores, envió a Kimuli y a su hermano a la capital del país, Kamala, con la esperanza de conseguir un préstamo entregado por un amigo.

Sin embargo, nadie esperaba a los niños, quienes acabaron vagabundeando por la ciudad. Con solo cinco años, Kimuli trataba de buscar, junto a su hermano, algo que poder echarse a la boca. Solo encontraban restos de comida y dormían en la parada de taxi donde debía estar el amigo de su madre, quien nunca llegaba a aparecer.

Por suerte, el segundo día en la calle conocieron a Mark, un joven en su misma situación que les enseñó a moverse por la ciudad, qué posibilidades tenían de ganar dinero y un poco de kick boxing para que pudieran defenderse de agresiones.

La dureza de Kampala

Kimuli aún recuerda la crudeza de la vida en los barrios más pobres de la capital de Uganda. Allí, los niños mayores terminan cayendo en la droga y, cegados por sus efectos negativos, no dudan en atacar o violar a los más pequeños. Además, tenía que enfrentarse a los raptos de infantes. La creencia extendida de que para hacerse rico una persona debía obtener sangre de otra causaba el secuestro de niños, los cuales eran asesinados sin miramientos.

El propio Kimuli perdió a su amigo Mark en una pelea en la que fue apuñalado y, posteriormente, arrojado a un sórdido canal del barrio de Kivulu. Para no acabar de la misma manera, siguió aprendiendo kick boxing y terminó por enseñar sus conocimientos a otros niños, tal y como había hecho Mark por él en aquella segunda noche en Kamala.

Con esfuerzo y dedicación, fue obteniendo ingresos de los combates en los que participaba y de las clases que impartía. Así, aquel niño de la calle se convirtió en un joven que alcanzó la universidad, ahorrando día tras día hasta salir de la calle. 

Además, Kimuli creó The Dream Foundation, una organización para educar, ofrecer comida y techo a niños de los barrios pobres de Kamala. En la actualidad también busca familias de acogida para estos pequeños. Así, Kimuli ha logrado sacar de la pobreza a más de 200 niños.

En definitiva, Kimuli Isaac es un ejemplo de tenacidad ante la dificultad, de superación y de lucha contra la incertidumbre. Gracias a sus vivencias, otros niños de la calle, como él mismo fue, pueden encontrar un mejor lugar en el mundo.