Los héroes que hacen posible la compra

Hace semanas que la emergencia sanitaria se instaló en nuestro país. Los colegios cerraron, las calles se vaciaron, el miedo inundó las casas y la gente hizo acopio de comida en los supermercados. Desde ese momento, hemos descubierto superhéroes que anteponen el bienestar común al suyo individual. La lista de profesionales va desde el reconocido personal sanitario hasta los repartidores, trabajadores de supermercados, camioneros, limpiadoras, técnicos de suministros… Una de esas superheroínas es María Teresa, conocida como Mari Tere, trabajadora de un supermercado que, a sus 30 años, está viviendo esta crisis con la mejor de sus sonrisas y una gran profesionalidad.

Fue el martes 10 de marzo cuando se anunció que, al día siguiente, se suspendían las clases en las universidades y centros educativos. “La gente fue a los supermercados, imagino que pensando que también podrían cerrarlos”, explica. A partir de ese día, la población hacía cola desde las 8 de la mañana, los empleados salían de la tienda una hora más tarde de lo habitual y los turnos pasaron a ser de 6 a 11 horas; “estábamos muy cansados, pero la empresa no nos obligó a hacer esas horas, nos ofrecimos nosotros porque era algo excepcional y no había personal suficiente para lo que estaba pasando”, explica. 

Los descansos desaparecieron, “se hacían cuando parecía que estaba todo más calmado, nunca en horas punta, y las tareas dependían de la necesidad de la tienda dando apoyo a las secciones que lo necesitasen más”. El miedo y la incertidumbre se personificaban en las personas que iban a comprar: “en varias ocasiones, clientes nos gritaron porque la gente no se ponía guantes para coger la fruta y la verdura. Decían que ellos no podían estar detrás de todo el mundo para que se pusieran los guantes, que era nuestro trabajo”. 

Una situación desconocida que obliga a tomar medidas

Esta situación obligó a tomar medidas; entre muchas otras, se ha limitado el aforo a la entrada, se han implantado acciones especiales de desinfección para todas las tiendas, se ha reducido el horario de apertura, restringido el servicio a domicilio y la manipulación de comida. Todos los trabajadores disponen de mascarilla y hay preferencia para acceder al centro: “mayores, personas con discapacidad, con movilidad reducida, embarazadas y acompañantes necesarios”. 

Todo esto le ha pillado de nuevas a Mari Tere, quien decidió compaginar sus oposiciones con unas horas en el supermercado. Sin embargo, hace unos meses suspendió y decidió quedarse para aspirar a un puesto de trabajo en las oficinas de Mercadona. Una decisión que, sin duda, está marcando su trayectoria profesional y que le ha hecho sacar un coraje que desconocía, sintiendo en primera persona la responsabilidad que esta situación le ha otorgado

Si tuviera que elegir el peor día, sería el martes 10 de marzo, cuando la incertidumbre ocupó los pasillos del supermercado para quedarse. Aunque reconoce que, mientras que algunos clientes gritan y se desesperan por no encontrar gel desinfectante, muchos dan las gracias más de lo habitual y, en general, utilizan protección.

Este virus lo paramos unidos

Pero, en las situaciones difíciles, sacamos nuestra mejor versión: “ahora los compañeros nos ayudamos más entre nosotros y esta situación nos ha hecho darnos cuenta de la importancia de echar una mano”. Y, aunque con el paso de los días intentan mantener la calma, el miedo sigue muy presente: “no se controla, cada uno lo lleva como puede y, al final, el supermercado es un foco de contagio porque estamos en contacto con muchísima gente cada día”. 

La profesionalidad de estos superhéroes no solo no se detiene ante las adversidades, sino que les hace brillar con luz propia. Saben que tienen una responsabilidad enorme en esta batalla que les ha tocado vivir desde primera línea. “Hacemos lo que está en nuestra mano para que en la tienda haya producto y todo se haga lo mejor posible”.  Porque todos tenemos claro que este virus lo paramos unidos.