Igualdad en la educación entre niños y niñas

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Aprovechando el Día internacional de la niña, desde Gente que Brilla, queremos poner especial atención a los estereotipos de género en los colegios, a la educación con ciertas tendencias subjetivas y a la desigualdad en la enseñanza y pedagogías entre chicos y chicas.

Pese a algunos esfuerzos realizados por parte de entidades tanto públicas como privadas para equilibrar la situación, lo cierto es que el género sigue jugando un papel determinante en el desarrollo social de las personas. Así, existen numerosas desigualdades y discriminaciones por razones de sexo en la actualidad.

Aún queda mucho por hacer… ¡pero estamos en el camino!

La adquisición de modelos familiares y sociales respetuosos con la igualdad entre sexos es fundamental en el aprendizaje y desarrollo de un niño. Lo ideal es mostrar, tanto en casa como en la escuela, modelos de actuación correctos y exentos de estereotipos propios del patriarcado. No hay ogros ni princesas, cada niño y cada niña debe ser libre de reconocerse como quiera, desde la naturaleza del ser y sin miedo al qué dirán. Y, para ello, los padres tienen un papel esencial: respetar la personalidad del niño o la niña, sus preferencias y no reprimir sus emociones y sentimientos.

Uno de los problemas que tenemos es el androcentrismo, es decir, el que todo esté montado en la sociedad y en la cultura para que la figura masculina sea la central. Según Marina Subirats, catedrática emérita en Sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en la educación en niños y niñas, “una sociedad en la cual existen dos sexos distintos, hombres y mujeres, resulta que todo está pensado en función de los hombres”.

La desaparición de los géneros y la construcción de una cultura andrógina

La idea es unir todo lo que se les atribuye a las mujeres y todo lo que se les atribuye a los hombres y ponerlo al alcance de todos. Una operación complicada pero muy posible.

“En los niños creamos guerreros y a las niñas les enseñamos a sufrir”, apunta Marina, “convirtiendo las diferencias en jerarquías hacemos flaco favor a la sociedad”.

¿Y qué podemos hacer nosotros para contribuir al cambio?

Existen numerosas prácticas que los padres deben de llevar a término a la hora de romper los esquemas tradicionales. Desde GQB ofrecemos los siguientes consejos:

1)      Predica con el ejemplo. Por todos es sabido que los niños imitan comportamientos desde muy temprana edad. Que el padre asuma tareas que tradicionalmente estaban ligadas a la mujer, y viceversa, hará que los niños y niñas vean como algo normal la igualdad entre sexos.

2)      Valora las cualidades de tus hijos como personas, no como hombres o mujeres. Escucha y observa sus expresiones, sus sentimientos, sus necesidades y no encasilles ningún comportamiento por género. ¡Que pertenezcan libremente a donde se sientan más cómodos y coherentes con su esencia!

3)      Favorece actividades alternativas sin hacer diferenciaciones de sexo. Que ellos elijan lo que quieren hacer en su tiempo libre: jugar al baloncesto, bailar, aprender un arte marcial…Esto les mostrará el respeto hacia su autonomía y les reforzará la seguridad en ellos mismos.

4)      Cuida el lenguaje, las bromas y las expresiones sexistas. El poder de la palabra es indiscutible y, sin darnos cuenta, podríamos estar contribuyendo a modelos altamente nocivos para la sociedad igualitaria por la que luchamos.

5)      Fomenta en los niños/as una actitud responsable. Que ellos mismos desarrollen ese espíritu crítico con los roles y estereotipos sexuales impuestos por la sociedad y los medios de comunicación.

En definitiva, se trata de cambiar el rumbo, de dejar a un lado el rosa y el azul como representación de un género inamovible, de ser partícipes de este nuevo modelo positivo en el que vamos tomando conciencia de la neutralización sexual. Y es que no hay nada más bello que el hecho de que alguien se manifieste en su autenticidad y pueda vivir libre de etiquetas que no aportan nada.