Sofía Kovalévskaya: una pionera en el mundo matemático

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Sofía Kovalévskaya

La vida de la primera profesora universitaria en Europa, además de la primera matemática reconocida, Sofía Kovalévskaya, es la de una mujer fascinante en un mundo de hombres que, privada de autonomía, se rebeló contra el pensamiento de la época para presentarnos el teorema de Cauchy-Kovalevskaya.

Sofía Vassilíevna Korvin-Krukovskaya, nacida en Moscú en 1850 y a la que familiarmente llamaban Sonia, se vio obligada a abandonar su Rusia natal para poder estudiar en la universidad, debiendo previamente pedir permisos especiales y solicitando clases particulares con matemáticos contemporáneos. Tras finalizar sus estudios y obtener el doctorado en matemáticas, se convirtió en la primera profesora universitaria en Europa, contratada en la novísima Universidad de Estocolmo.

Tras finalizar sus estudios y obtener el doctorado en matemáticas, se convirtió en la primera profesora universitaria en Europa

Especializada (y reconocida por ello en todo el continente) en la teoría de funciones abelianas y su investigación sobre los anillos de Saturno, resultó una gran aportación a la matemática aplicada, logrando el Premio Bordin de la Academia de Ciencias de París gracias a su investigación sobre la rotación de un sólido alrededor de un punto fijo.

Además de su espíritu libre, brillante inteligencia y genio matemático, tuvo dotes para la escritura y la literatura, como puede apreciarse en su obra autobiográfica Recuerdos de la infancia, cualidades que le llevaron a posicionarse en las más altas esferas del pensamiento científico de la época, manteniendo amistad con archiconocidos personajes históricos como Darwin, Mendeleyev o Dostoyevski.

AVENTAJADA EN LA ADVERSIDAD

En el siglo XIX, en Rusia, surgió un movimiento denominado ‘nihilismo’, cuyas bases se asentaban sobre la emancipación de la mujer, la liberación de los esclavos, y la importancia de la ciencia y la educación, siendo precursor directo del ’anarquismo insurreccionalista individualista’ y representado por autores tan conocidos como Nietzsche y Nechaev, promoviendo así la rebelión contra todo tipo de autoridad.

Debido a la prohibición del acceso de las mujeres a la universidad, las jóvenes encontraron una eficaz manera de poder salir del país para poder estudiar, la cual consistía en convencer a un joven con el mismo pensamiento y contraer un matrimonio de conveniencia. Vladimir Kovalevski y Sofía Kovalévskaya, celebraron su unión en 1868.

Posteriormente, en 1874, y tras presentar tres trabajos de investigación (teoría de ecuaciones en derivadas parciales; suplementos y observaciones a las investigaciones de Laplace sobre la forma de los anillos de Saturno; y la reducción de integrales abelianas de tercer orden a integrales elípticas) en la universidad de Gotinga, Alemania, se le concedió el grado de doctora Cum laude contra todo pronóstico, y, seis años más tarde, en enero de 1880, se estableció en Berlín, donde trabajó investigando sobre la propagación de la luz en un medio cristalino, para después asentarse en París, donde fue elegida miembro de la Sociedad Matemática.

Finalmente, el 11 de noviembre de 1883, su mayor aspiración se vio cumplida tras ser aceptada como profesora en la Universidad de Estocolmo, obteniendo remuneración directa de sus alumnos a través de una suscripción popular el primer año, y resultando indefinida durante los siguientes cinco años. Asimismo, en la víspera de Navidad de 1888, obtuvo el Premio Bordin de la Academia de Ciencias de París por su investigación sobre el problema de la rotación de un cuerpo alrededor de un punto fijo.

Así, Kovalévskaya obtuvo no solo una de las más grandes distinciones científicas que una mujer había obtenido nunca en la historia, sino también una de las más altas que todo hombre hubiese querido alcanzar.  Para Sofía, defensora de que la ciencia requiere más imaginación que la escritura, tanto el matemático como el poeta deben ser capaces de profundizar en la realidad para poder ver lo que los demás no ven, un legado que, a día de hoy, perdura en mujeres tan brillantes como ella.