María Moliner, la mujer que escribió un diccionario

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María Moliner

María Moliner -para decirlo del modo más corto- hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana.”

Así escribía el mundialmente conocido literato Gabriel García Márquez sobre esta maña que consiguió agarrar al vuelo todas las palabras de la vida.

María Moliner fue lingüista, lexicógrafa y bibliotecaria en una España de principios del siglo XX, una mujer adelantada a su tiempo con la fuerza de un titán. Algunos hombres intentaron borrar su huella y restarle prestigio a su exquisita y eterna labor, pero nada ni nadie pudieron impedir su reconocimiento.

Así, en 1966 hizo público el Diccionario del Uso del Español tras más de 15 años de trabajo.

“Formidable, monumental, tenía el lenguaje en la cabeza”.  “Entregó su vida a su causa sin quejarse jamás”- aseguran los que la conocieron.

LA HISTORIA DE UNA MUJER ADELANTADA A SU ÉPOCA

Hija de un médico rural y la mediana de tres hermanos, María estudió en la Institución Libre de Enseñanza, destacando siempre por su interés y dotes incuestionables en materia de expresión lingüística y gramática.

Trabajó desde muy joven, compaginando sus estudios con el oficio de maestra particular en latín, matemáticas e historia. Sin su ayuda, su familia difícilmente hubiera salido adelante, ya que su padre decidió marcharse para no volver jamás.

Nacer. Definición. Salir un ser del seno de la madre en que se ha engendrado. Abrirse a la vida…

María Moliner fue una mujer adelantada a su época, con una inquietud insaciable y muchas ganas de cambiar el mundo. En su actividad de bibliotecaria, tarea que le ocupó más la mitad de su vida, su cometido y obsesión era llevar la cultura a los pueblos más aislados.

Su misión se vio truncada por los avatares de una guerra civil que lo destruiría todo, pero los bombardeos no la distraerían de su responsabilidad como madre ni de su minuciosa labor como lexicógrafa.

En 1939, los nacionales tomaron España y la guerra terminó, pero los que la conocían confesaron que para María ésta fue una noticia verdaderamente triste. Tristeza que compartía con su marido, Fernando Ramón, con quien tuvo 4 hijos y al que le unió, según contaban sus amigos y familiares, su amor por los estudios y sus imperecederas ganas de aprender.

Con la llegada de las tropas del caudillo su rango profesional quedó reducido a cenizas y, como muchas otras mujeres de la época, sus sueños e ilusiones fueron sustituidos por soledad y silencio. Aun así, no se quejó jamás, adaptándose siempre a los cambios con una fuerza implacable, y es que dicen que quien tiene un por qué encuentra un cómo.

‘DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL’, SU OBRA MAESTRA

No se marchó al exilio porque España le dolía y la elaboración de un diccionario para todos se convirtió en su forma de ordenar y sujetar el mundo.

A la luz de las velas, incansable y con la sola ayuda de un lápiz, una máquina de escribir portátil y dos atriles… así existe María en el imaginario colectivo.

Hace un par de años se celebró el 50 aniversario del ‘Diccionario de Uso del Español’, una obra de referencia para académicos y estudiosos que ha marcado un antes y un después en el panorama nacional. Editada por Grecos, la obra de María Moliner se popularizó enseguida, dándole una popularidad en vida que ella no precisaba por ser humilde y sencilla en esencia.

Falleció su marido y, a pesar de contar con cajones llenos de fichas desbordadas por palabras, María no supo ponerle nombre a su emoción, o tal vez no quería… y tornó más seria aún, dedicando el resto de sus días a una vida familiar protagonizada por la tranquilidad y la quietud.

Murió en 1981, dejándonos el mejor legado, páginas llenas de palabras bellas y significados únicos procurados con amor y paciencia infinita.

“La recuerdo con su alegría innata y también con su carácter fuerte. Tenía genio y gracias a él creo que pudo brillar en un mundo académico de hombres en la España de Franco”, relata su nieta.

Pase el tiempo que pase, su huella será imborrable y su lucha permanecerá en la memoria de los españoles como otro ejemplo de mujer invencible ante su cometido. Un cometido que, entre otras cosas, ahora me permite estar aquí en mi escritorio aunando palabras con su valioso significado.