Helen Keller, crecer en la oscuridad

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La vida pone pruebas que, por difíciles que puedan resultar de superar, se puede lograr. Hemos crecido con relatos que emocionan e inspiran por su fuerza de voluntad y es que, las páginas de los libros de historia, dejan biografías realmente inspiradoras. Como la de Helen Keller, la primera sorda y ciega de EE.UU. en obtener un título universitario.

Helen Keller (Tuscumbia, Alabama, 1880 – Easton, Pensilvania, 1968) es una escritora norteamericana invidente y sordomuda que se especializó en educación especial para niños. Quizá, la razón que le llevo a estudiar esta especialización de la rama de educación fue precisamente por las circunstancias del destino que hicieron que perdiera las principales fuentes de estímulos sensoriales.

A pesar de superar una grave enfermedad cuando era tan solo un bebé, las fiebres le pudieron provocar la ceguera y la sordera que padeció de por vida

Cuando nació, se rodeó del cariño de sus hermanos y sus padres. Pero con tan solo año y medio sufrió una enfermedad, tal vez meningitis o escarlatina. En cualquier caso, en aquellos tiempos la medicina no preveía una cura adecuada para dichas afecciones. Contra todo pronóstico, Helen pudo superar las altas fiebres, aunque su cuerpo quedó muy mermado: su madre se dio cuenta de que dejó de responder a los estímulos sonoros y visuales.

HELEN KELLER ES UN EJEMPLO DE SUPERACIÓN

A pesar de no poder escuchar, ni ver o expresar sus necesidades con palabras, en su oscuro camino encontró las luces que le iluminaron y ayudaron a avanzar en la vida. Su madre se negó a que su hija estuviera totalmente aislada del exterior, ella fue quien buscó las mejores soluciones médicas y el mejor centro educativo para Helen. El mismísimo Graham Bell recibió a la familia, que por aquel entonces estaba investigando en mejorar la situación de los niños sordos.

Ingresó en un colegio destinado a la educación de los niños ciegos en Boston, donde en 1887 conocería a la mujer que se convertiría en su estrella. Anne Sullivan fue la institutriz de Helen, que se esforzó al máximo para que aprendiera a comunicarse en braille y a emitir algún sonido gracias a que percibió que Helen podía notar las vibraciones de la voz en la garganta.

Hacia el pasado, las primeras conversaciones fueron con la hija de la cocinera de los Keller, entre juegos, con quien compartía un lenguaje de señas. Y mirando al futuro, significó la puerta para que Helen se esforzara por descubrir el mundo, acompañada de la inestimable ayuda de Sullivan. Así, no dejó de estudiar en distintas instituciones hasta graduarse en la universidad y convertirse en la primera persona con ceguera y sordera en tener un título universitario.

LA OBRA LITERARIA DE HELEN KELLER

Helen se implicó en la defensa de los derechos civiles, de las mujeres y de los más desfavorecidos. Actualmente, el método aplicado para su enseñanza, que fue registrado con atención, ha servido como faro iluminador para la educación especial. Su experiencia la aprovechó para recorrer cientos de ciudades de multitud de países para contar su ejemplo de superación. Además, recaudó fondos para distintas instituciones de ayuda a personas con deficiencias sensoriales.

Los viajes que realizó por Europa y África le sirvieron para encontrar la inspiración que plasma escribiendo, para comunicar su experiencia y recoger su ejemplo de tenacidad. Sus principales obras literarias han sido publicadas entre 1903 y 1967. ‘La historia de mi vida’, ‘Fuera de la oscuridad’, ‘Canción del muro de piedra’, ‘Optimismo’ o, especialmente, ‘El mundo en el que vivo’ escrito en 1908, son los libros que le han consagrado su fama mundial. En este último relato mencionado, Helen relata el contraste entre la riqueza de la vida íntima que su alma albergaba y la menguada vida sensorial de la que Helen era, realmente, una víctima.

La despedida de Sullivan, su ángel de la guarda, llegó con su muerte en 1936. Por su parte, Helen sufrió un derrame cerebral que mermó su salud física y que le obligó a ir dejando la vida pública hasta que se retiró en el descanso de su hogar. Helen dio su último aliento el 1 de junio de 1968 dejando un testimonio inspirador de gran valor emocional.