Marta Arce: “La capacidad de conseguir nuestros objetivos depende de nuestro nivel de compromiso”

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Marta Arce, judoca paralímpica, es un ejemplo de superación y motivación personal. Nació con albinismo óculo-cutáneo completo, lo que significa que padece una deficiencia visual grave. A pesar de que su vuelta a la competición le ha supuesto una lesión en la rodilla, ella no se rinde. ¿Su objetivo? Obtener el título mundial.

Hasta los dieciséis años, momento en el que se afilió a la ONCE, desconocía de las ayudas para las personas con déficit visual. Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por las dificultades, y ni tan siquiera se le pasaba por la cabeza practicar este deporte de contacto. “No se me había pasado por la cabeza ni tan siquiera remotamente, la verdad”, recuerda Arce.

La judoca ganadora de dos oros a nivel mundial, en Rio de Janeiro en 2001 y Brommat en 2006,  explica que ella “de pequeña el deporte lo veía tan inasequible que no tenía ningún interés en él. Simplemente pensaba que era mala en los deportes y que no se me daban bien”. Y punto. Pero durante su etapa universitaria todo cambió en el Instituto Municipal de Deportes de Chamartín. “Empecé a hacer judo cuando estaba en la universidad porque había más chicos que lo hacían, y como había más gente que lo hacía e iba a entrenar a un club, yo me animé a ir con ellos a probar y me encantó”, dice.

“De pequeña el deporte lo veía tan inasequible que no tenía ningún interés en él”

Su día a día tiene muchas particularidades y trucos. “Llevo gorrita, llevo gafas de sol, a los niños los llevo con chalequitos fosforitos cuando estamos en sitios aglomerados…”, explica. Y añade que “la deficiencia visual no tiene nada más particular. Aparte de la fotofobia, quizá, que es más típico de las personas con albinismo”.

EL JUDO, LA PASIÓN DE MARTA ARCE

Su palmarés también recoge dos medallas de plata en Juegos Paralímpicos, en Atenas en 2004 y en Beijing en 2008, además del bronce en Londres cuatro años después. Un camino que fue vislumbrado, entre otros, por la ONCE, que le enseñó a ver mejor. Le dio acceso a ayudas tiflotécnicas y le orientó profesionalmente. Gracias a ellos pudo ponerle nombre a lo que le pasaba, le dieron medios, y ella puso la energía.

Pero sus agradecimientos llegan a todos los que la rodean cada día. “Lo suelo hacer, internamente se lo dedico a toda la gente que me acompaña, a todos mis compañeros, porque sin ellos sería totalmente imposible conseguir nada. Además, es un deporte con adversario, necesitas gente para poder competir y ganar, para entrenar, que esté dispuesta a darlo todo a cambio de que otra persona que no son ellos suba al podio. Y eso es muy de agradecer, porque es trabajo que no se ve”.

Antes de descubrir el judo, Marta Arce creía que “estaba perdida”

Y aunque en la última competición que ha disputado haya perdido el combate en tan solo tres segundos, no se rinde. La lesión de rodilla no le para en su objetivo. “Llegar hasta la final y perder la oportunidad de plasmar lo que has hecho. Pero bueno, este deporte es así, y ya está”, resume.

Y es que, cuando cumplimos el sueño de llegar a donde siempre habíamos querido, los resultados son asombrosos. Antes del judo, Arce dice que “estaba perdida, y era menos yo de lo que soy ahora”. Pero ahora sabe que “la voluntad es el motor de los sueños”. Porque para la judoca ganadora de tres medallas en juegos paralímpicos, “la capacidad de conseguir nuestros objetivos depende de nuestro nivel de compromiso con lo que queremos hacer”. Y que si estamos dispuestos a hacer los sacrificios y esfuerzos que ello conlleva lo más probable es que lo acabemos consiguiendo.