Eleanor Roosevelt: mucho más que la primera dama del mundo

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Ha habido muchas mujeres extraordinarias a lo largo de la historia. Mujeres que no solo han reivindicado los derechos de sus iguales, sino que han luchado con fuerza para conseguirlos. Igualdad, trabajo, humanidad… una de las más activas convirtió el cargo de Primera Dama estadounidense en lo que hoy conocemos, explicando a una sociedad aún no preparada para ello, que las mujeres tenían mucho que decir. La esposa del presidente Franklin D. Roosevelt, Eleanor, fue mucho más que una mujer activa y comprometida, fue todo un ejemplo a seguir.

DEFENSORA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Eleanor Roosevelt es una de las mujeres que, desde cargos institucionales y representativos, más influencia tuvo en la vida pública a nivel mundial durante la primera mitad del siglo XX. Cuando su marido, el presidente Roosevelt, fue elegido para representar al pueblo norteamericano en 1933, Eleanor Roosevelt se convirtió en Primera Dama, pero también fue la primera mujer  en asumir responsabilidades que fueron más allá de los actos protocolarios que este cargo implicaba.

Nacida el 11 de octubre de 1884 en Nueva York (EE.UU.), descendía de una familia de inmigrantes con una posición influyente y adinerada. En 1905 se casó con Franklin Delano Roosevelt, que comenzó su carrera como gobernador de Nueva York para, años después, ser elegido presidente de Estados Unidos, cargo que desempeñó durante los siguientes 12 años.

En ese momento no existía un protocolo de actuación ni papel relevante que la mujer del mandatario debiera cumplir. Pero Eleanor Roosevelt no se conformó con ser ‘la esposa del presidente’ y se convirtió en una mujer activa y comprometida con la sociedad.

DIPLOMÁTICA, ESCRITORA Y ACTIVISTA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Eleanor Roosevelt fue una líder nata por derecho propio. Involucrada en numerosas causas humanitarias a lo largo de su vida,  participó en temas relacionados con los derechos de la mujer, trabajó con la Liga de Sindicatos de Mujeres y el Congreso Internacional de Mujeres Trabajadoras. Además, escribía una columna en el periódico My Day (‘Mi Día’) sobre la igualdad de la mujer en el trabajo, siendo una de las precursoras del feminismo.

No obstante, la sociedad no estaba preparada para alguien como ella y no siempre gozó de la aprobación de sus acciones, consideradas inapropiadas y controvertidas en un momento delicado en el que aún se notaban los estragos de la Primera Guerra Mundial. Un hecho al que tampoco fue ajena, ya que visitó a decenas de soldados heridos en combate, ayudó a la Cruz Roja en el aprovisionamiento de alimentos y bebidas y participó en la sociedad del alivio del cuerpo de la marina.

DE PRIMERA DAMA A ASESORA PRESIDENCIAL

Antes de convertirse en primera dama, Eleanor fue activista en el Partido Demócrata y miembro de organizaciones activistas como la Liga de Comercio Sindical de Mujeres y la Liga de Mujeres Votantes. Pero no fue hasta el mandato de su marido cuando se convirtió en una auténtica asesora con funciones y acciones de gran peso a nivel mundial.

Fue portavoz en conferencias de prensa con las corresponsales asignadas a la Casa Blanca; creó programas sociales que ayudaban a causas humanitarias frente a los estragos que dejó la Gran Depresión; defendió la igualdad de las mujeres en el trabajo, los derechos de la comunidad afroamericana y la clase trabajadora; y se convirtió en la primera delegada de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Además, fue la primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas;  presidió  la Comisión del Presidente de JFK sobre la Condición de la Mujer para promover la igualdad y asesorar sobre temas relacionados con las mujeres; y ayudó a los nuevos partidos políticos a iniciarse dentro del gobierno.

Tras la muerte de su marido en 1945, continuó como activista en la ONU, donde ayudó a redactar la declaración universal de los derechos humanos reemplazando la frase “Todos los hombres nacen libres e iguales” por “Todos los seres nacen libres e iguales”, reconociendo de esta forma tan sutil a las mujeres.

A los 78 años de edad la tuberculosis acabó con su vida (7 de noviembre de 1962). Murió en Nueva York diagnosticada por anemia aplástica e insuficiencia cardiaca y fue enterrada junto a su difunto esposo en la finca Roosevel en Hyde Park.

“Ganamos fuerza, coraje y confianza por cada experiencia en la que realmente nos paramos a mirar al miedo a la cara. Debemos hacer lo que creemos que no podemos”
Eleanor Roosevelt