La abuela instagramer

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gorgolaabuela

Ana tiene a sus espaldas 100 años. Diez décadas que han dado para muchas vivencias, aventuras y episodios amargos. Nacida en Jauja, Andalucía, Ana perdió a su marido, a su único amor y padre de sus hijos hace 36 años. “No que querido estar con otro hombre, yo solo tengo un amor, mi marido”, dice Ana. También vive con la dolorosa pérdida de sus tres hijos, Manuel, Vidal y Teresa. Un dolor que jamás olvida y con el que lidia cada día volcando todo su amor en sus tres nietas -hijas de Teresa-, Ana, Marta y Bea. Mucha gente se pregunta por qué la vida le hace esto, 100 años en este mundo, con la pérdida de todos sus hijos…Bea, su nieta pequeña, también se lo pregunta, pero ha descubierto el porqué. “Yo también me lo he preguntado pero la verdad es que ahora me he dado cuenta. Ella es el pilar, el nexo, y ahora que se ha ido mi madre sigo deseando ir a mi casa para verla, porque su alegría tapa las ausencias, ella sigue aquí porque es la que ha mantenido el equilibrio después de que todo temblara”.

Pese a sus 100 años, Ana va a la peluquería cada sábado, es muy presumida, son un clásico sus uñas rojas en Navidad y sus tardes de tiendas con sus nietas. Ella siente devoción por sus tres niñas, amor que le es devuelto con mimos, atenciones y paseos eternos por la playa de Tarragona, lugar en el que viven. Ellas han sido las que han querido compartir con el mundo entero la vida de “la gorgolaabuela”, como ellas la llaman. Un nombre con mucho significado para estas cuatro mujeres. Cuando sus nietas eran pequeñas ella les contaba un cuento que hablaba de un pequeño pajarito que se llamaba gorgorito y se lo llevaba un gigante. A día de hoy es el único cuento que Ana recuerda, de ese pequeño gorgorito surge la abuela “gorgo”. Aseguran que decidieron abrirle un perfil propio Instagram porque cuando ponían fotos de ella o vídeo todo el mundo les escribía, querían saber más de ella. A través de sus fotos y vídeos descubrimos sus aficiones, su filosofía de vida, su carácter y su envidiable estado de salud. Con analíticas perfectas para su edad, siempre ha sido una mujer dura, tanto que se le secó el apéndice a base de dolores y el médico dijo que NO había visto ningún caso como el suyo en su trayectoria de médico.

Con un fuerte carácter, la edad no ha templado sus nervios. A esta súper abuela le gusta poner orden en la casa en la que vivió desde que se quedó viuda, la casa de su hija Teresa, y en la que ha criado a sus tres nietas. Una casa llena de recuerdos, de grandes momentos vividos…”Dormir con ella era maravilloso. Si no conseguías dormirte, te cogía de la mano y te la acariciaba hasta que te quedabas dormida. Y, si en medio de la noche te despertabas asustada y la llamabas, no tardaba ni un segundo en contestar. Parecía que siempre estuviera despierta cuidándonos”, recuerda Bea.

Su filosofía de vida ha sido siempre la honestidad y la generosidad, lo poco que ha tenido siempre lo ha compartido. Su pequeña pensión daba para mucho. Madre, abuela, médico cuando sus nietas se ponían malas, “un día me caí al salir de casa y me empezó a sangrar la rodilla y, como no encontraba nada para curarme, bajó con un calcetín. Mi vidaaaaaaa…ja,ja,ja. Así se me infectó después la rodilla”, cuenta Ana. Y hasta veterinaria. “Una noche muy fría de invierno me olvidé de meter a mi hámster dentro de casa en la terraza. Al llegar de cenar nos lo encontramos congelado. Yo lloraba desconsoladamente. Y ella lo cogió, lo envolvió en una manta y lo pusó al lado de las estufa. Preparó La bolsa del agua caliente. Y al ratito mi ratoncito empezó a mover el hocico”, recuerda Marta.

 

Ana trasmite vitalidad, positivismo y ternura, cualidades que vemos a través de la pantalla de los móviles y que nos recuerda que la vida puede ser muy dura, pero que siempre hay que aceptar lo que nos depara. Eso sí, sin conformarnos e intentando ser mejores personas.