Cristina Marcos: “Nadie creyó en mí porque era sorda”

0
1432

”Yo no tengo cultura musical”, Cristina Marcos

Ese es el mensaje que puede leer en el perfil de Instagram de Cristina. “@bionicaisdeaf” es una ventana abierta que ayuda a entender cómo ve Cristina el mundo que le rodea. Fotografías personales, paisajes, pinturas, arte… todas con un tinte positivo que contagia y te anima a seguir repasando las fotos. Entre las cientos de imágenes que ha subido a la red algunas muestran los audífonos que la joven necesita para conectar con el mundo. No se avergüenza de su discapacidad y los luce orgullosa e incluso con adornos. Esta es la mejor manera de demostrar al mundo que nada es imposible. Que un audífono puede ser un “complemento” más para ayudarte a integrarte en la sociedad, una sociedad que nunca lo pone fácil y que muchas veces tiene demasiados prejuicios. Solo el trabajo, el esfuerzo y la lucha pueden vencer todas las barreras, y eso fue lo que hizo Cristina Marcos.

 

 

Yo sí puedo
Cristina Marcos es sorda de nacimiento, realmente no recuerda si alguna vez ha oído. Cuando era niña, los médicos le explicaban a sus padres que ella era muy distraída y no prestaba atención a lo que se le decía. Cristina era despistada, hasta que tuvieron un diagnóstico certero, y sus padres supieron que su hija no oía. En su familia existen antecedentes de sordera, por parte de su abuela materna, por lo que la situación no era una novedad al completo. Sus padres decidieron que le iban a dar una educación en un centro escolar normal, sin ningún tipo de adaptación para discapacitados. En ese momento todo eran incertidumbres; no sabían si era una decisión correcta y por el camino encontraron muchas trabas. Cristina tuvo en los libros un refugio al que acudir para aprender, comprender y crecer intelectualmente. Sus notas no eran ni mucho menos brillantes. No entendía la mayoría de las clases. Horas de estudio extra y clases particulares consiguieron que la niña asimilara todo lo que en el colegio no aprendía.

 

 

Según Cristina, el mayor problema al que se enfrentó como alumna sorda era su dificultad para ser identificada como una persona con discapacidad. En su opinión, “cubrir todas las necesidades de adaptación es esencial, así como reconocer e identificar a la persona con discapacidad y con ello garantizar su acceso a los recursos”, algo que no encontró en el colegio ni en su etapa de bachillerato, donde una vez más tuvo que hacer un gran esfuerzo para superar la modalidad de Ciencias de la Salud. Cristina avanzaba poco a poco e iba dejando atrás a todos los que no quisieron poner de su parte para ayudarla a no tirar la toalla. Y no lo hizo, llegó a la universidad para estudiar lo que más le gustaba: Bioquímica.

 

 

¿Quién dijo que no lo conseguiría?
Cristina aprendió la lengua de signos, que le ayudó a complementar lo que mejor sabía y sabe hacer, leer los labios. En la etapa universitaria sí que hizo uso de las nuevas tecnologías que facilitan la inclusión en las aulas a las personas sordas. Comenzó a utilizar una emisora FM que le permitía escuchar las clases pese a que le obligaba a mostrar su debilidad y explicar que era sorda al profesor.

 

 

Su empeño, y el apoyo de los suyos, han conseguido que se convierta en un ejemplo de superación y motivación para muchas personas con su misma discapacidad. Actualmente trabaja como investigadora del Departamento de Inmunología, Microbiología y Parasitología y profesora en el Grado de Medicina en la Universidad del País Vasco. Allí recuerda su etapa de estudiante. Una época dura pero gracias a la cual ha podido demostrar que las barreras no son indestructibles y que todo obstáculo se pude saltar.