Patricia Campos Domenech, una pionera sin fronteras

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El que las mujeres somos inferiores es un cuento que nos han contado a todas. Qué si somos más débiles, que si somos muy emocionales, qué no podemos volar, qué el fútbol es de hombres, que no deberíamos votar, que no sabemos conducir….Demostrado está que no. Creértelo depende de ti”, Patricia Campos Domenech.

Superando barreras

La vida de Patricia da para escribir un libro, y quien mejor que uno mismo para contar el esfuerzo y la lucha necesaria para conseguir lo que todo el mundo desea: ser libre y feliz. “Tierra, mar y aire” es el título con el que esta castellonense resumió sus vivencias hasta ahora. Pese a tener solo 40 años Patricia ha tenido una vida intensa y apasionada, una vida con la que ha demostrado que los sueños se pueden alcanzar. Su infancia en Castellón no fue fácil. El carácter dominante y machista de su padre limitaba la vida de Patricia y su familia lo que le llevó a tener independencia desde muy joven para poder labrarse su futuro, el futuro que ella quería: ”Recuerdo algunas cosas; jugar a fútbol con mis hermanos, mi madre esclavizada todo el día y miedo, mucho miedo. En mi madre vi una vida que tenía claro que no quería para mí”. Su madre, sus hermanos y su abuela siempre han sido su mejor apoyo. El fútbol era su debilidad desde pequeña, y pese a que a su padre no le gustaba, ella siempre encontraba un rincón en el que hacerse con un balón y soñar: “Siempre me ha gustado mucho. Me hacía feliz jugarlo en la calle y más tarde en un campo de fútbol. Ahora siempre que puedo voy a Kapiolani Park, un parque en Honolulu, donde cada día se hacen ¨Pick Ups¨ (pachangas) y disfruto muchísimo”.

El fútbol es una de las grandes pasiones de Patricia

Actualmente Patricia vive en Hawaii pero la mitad de su vida se desarrolló en la Comunidad Valencia, donde estudió comunicación audiovisual. “Tuve que trabajar para pagarme los estudios. Lo cual me parece fantástico. Empecé a trabajar a los 16 años. Es algo que recomiendo a todos los adolescentes para que de verdad sepamos lo que pasa en la vida real, no en la que nos tienen metidos nuestros padres. La universidad para mí fue todo un descubrimiento. Venía de un pueblo donde todos somos prácticamente iguales y llegué a Valencia donde conocí a personas de otras partes, de otras culturas, incluso había más chicas interesadas en jugar al fútbol. Lo más importante para mí fue conocerme a mí misma y saber realmente quien soy y donde quiero llegar”. Etapa vital para ella en la que creció como persona, y en la que se atrevió a descubrirse a si misma, admitiendo su condición de homosexual. Patricia pisaba firme, segura de sí misma y tres años después de licenciarse decide prepararse para ingresar en el Ejército; Desde siempre he querido ser futbolista y piloto. También me gustaba el mundo del periodismo. Para mí, la única opción de poder volar era el ejército. Preparé la oposición, me presenté y con mucho esfuerzo y dedicación lo conseguí”.

Patricia fue la primera mujer en pilotar un reactor en el Ejército

En un mundo de hombres

No había nada que se le pusiera por delante. El trabajo daba sus frutos y Patricia hizo realidad su sueño de volar al convertirse además en la primera mujer en pilotar un reactor en el Ejército Español. A ella no le gusta hablar de hitos, lo considera como un reto, un sueño cumplido para ir consiguiendo etapas en la vida cuya meta es la felicidad plena. Y precisamente cuando Patricia no era feliz en el Ejército fue cuando quiso poner tierra de por medio; ”Había conseguido mi sueño: volar un helicóptero, un reactor pero ya no era feliz. Decidí arriesgar y cambiar de rumbo. Estoy contentísima con la decisión que tomé. El fútbol siempre ha formado parte de mi vida y lo estoy disfrutando muchísimo tanto en USA como en Uganda”. Era el momento de llegar a lo más alto, de tocar el cielo en el ámbito deportivo, su otra pasión. Patricia puso rumbo a EE. UU, cuna del fútbol femenino, y el mejor lugar en el que desarrollar su faceta de futbolista, ella lo sabía y no se quivocó: “He aprendido que a las mujeres deportistas se les presta atención y se les respeta como profesionales; que podemos vivir del deporte que nos apasiona, que el “Sportmanship” es muy importante. Sobre todo estoy viviendo el fútbol de una forma diferente, como entrenadora”. Allí volvió a descubrir la felicidad. En California consiguió el título de entrenadora lo que le permitió dirigir al Carslbad United y conseguir otra hazaña, convertirse en la primera y hasta ahora, única mujer española en entrenar a un equipo norteamericano de fútbol.

Patricia autofinanza su voluntariado en África, para colaborar pincha AQUÍ

“Simplemente voy en busca de la felicidad y me muevo para conseguirla”

Conocer la vida de Patricia hasta este punto demuestra que no le importa luchar para conseguir sus sueños. Es algo que le motiva y le da “esa chispa” que todos necesitamos en la vida. Su mayor hito es haber sido dueña de sí misma y haber podido decidir, una vez más, dar un cambio radical a su vida cuando en 2015, abandonó temporalmente su trabajo en San Diego para llevar a cabo un proyecto brillante a caballo entre Uganda y Marruecos con la ONG “Fútbol Sin Fronteras”: “Desde pequeña mi madre me lo inculcó. Afortunadamente en España tenemos en teoría todas las necesidades básicas cubiertas. En otros países, desgraciadamente no es así. Pensé que mediante el fútbol podría dar visibilidad a todas estas personas que no tienen voz. Además, el fútbol aporta muchísimo, tanto en valores como en felicidad”. Patricia autofinanza su voluntariado en África por eso siempre que ahorra vuelve para entrenar a niños y mujeres con VIH. El voluntariado allí no es fácil, es un país peligroso donde la mujer tiene poco que decir, por eso Patricia intenta cambiar el mundo a base de toques con su balón, para ella una de las mejores medicinas.

Patricia es un ejemplo de lucha y vitalidad

Patricia es sin lugar a dudas un ejemplo para muchas niñas que buscan dedicarse a profesiones tradicionalmente ocupadas por hombres. Su inconformismo innato, su fuerza y la ausencia de límites en su perspectiva de vida le han llevado a ser la mujer que es ahora. Llegar hasta aquí no ha sido fácil para ella y agradece todo el apoyo recibido: “Mi madre, mi abuela, mis hermanos, mis amigos, mi pareja… Soy muy afortunada de tener a gente maravillosa a mi alrededor”. Patricia asegura que tiene muchos sueños por cumplir, si no su vida no tendría ningún sentido. Con cada vuelo que realiza, con cada toque de balón, con cada sonrisa devuelta de uno de sus niños de África Patricia consigue lo que más le gusta, su mayor hito: ser una mujer feliz a toda costa.

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