La victoria completa se consigue con esfuerzo

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“Tanto en la vida como en el deporte que el éxito sea ganar es absurdo. En una liga de fútbol hay 20 equipos y solo gana uno. ¿El resto son unos fracasados? No. El secreto está en darle valor a lo que hacemos en el día a día y no vivir, bajo ningún concepto, por la valoración de otra persona”. Pablo Cava Harinero.

Solo cuando las dificultades se convierten en un aprendizaje diario es cuando las personas consiguen “su mejor versión”

Tras un embarazo normal, nada más nacer Pablo fue trasladado en una UVI móvil del Hospital de Cambrils hasta Barcelona. Fue en el momento de venir al mundo cuando los médicos se dieron cuenta que algo no iba bien. Sus padres tuvieron que autorizar su traslado de urgencia. Pablo nació con una malformación del esófago y otra en su oreja derecha. La más grave era la del aparato digestivo, ya que no podía comer ni beber absolutamente nada. Sin entrar en complejos tecnicismos, todo lo que ingería el pequeño iba a parar a los pulmones. Con días de vida se sometió a su primera intervención, con lo que eso implica para un recién nacido.

Fue con seis meses, y tras dos operaciones más, cuando los médicos consiguieron curar a Pablo. La operación fue la más complicada; llegó a entrar a quirófano en parada cardio-respiratoria. El éxito de esta última intervención dio un margen a sus padres. María José y Juan Jesús pudieron respirar tranquilos. Una dura recuperación y un proceso largo obligó a María José a cuidar la alimentación de Pablo en su niñez meticulosamente. El pequeño se había alimentado hasta ese momento por vía intravenosa, jamás había comido o bebido y, como consecuencia, su cuerpo no se había desarrollado de manera normal.

Desde que nació Pablo se sometió a duras intervenciones

Sus padres siempre han sido conscientes de las dificultades de su hijo. Pablo dice que le han ayudado de manera incondicional, pero que nunca le han mimado. En su etapa escolar Pablo fue rechazado por sus compañeros. Su pequeña malformación en la oreja iba más allá de lo puramente estético y en segundo de primaria se dieron cuenta de que no oía bien. Las alarmas saltaron cuando vieron que no escuchaba las alarmas del despertador. Para él los sonidos agudos son imperceptibles. Aprendió a defenderse en su día a día aprendiendo a leer los labios a la perfección sin ayuda de un logopeda.

Sabía de su discapacidad y Pablo desarrolló un sexto sentido. Su atención y su capacidad de observación hicieron que  finalmente superase la etapa escolar con éxito. Pese a sus esfuerzos sus profesores pensaban que lo hacía a propósito, que, como se suele decir, “se hacía el sordo”. La frustración que sentía un niño de ocho años se hacía mayor con las burlas de sus compañeros. Esa etapa la recuerda con tristeza. Para él era muy duro que el hecho de tener una discapacidad, de tener algo diferente al resto de sus compañeros, fuese motivo de humillaciones y burlas. No recuerda grandes amigos de la infancia (aunque sí que llegarían más tarde) ni momentos felices, que es lo que merece cualquier niño de esa edad.

Luchador incansable aprendió a leer los labios solo

En primero de la ESO Pablo sufrió una recaída. Una noche sintió que no podía respirar, que se ahogaba, y se percató de que algo iba mal. Sus padres no dudaron en acudir al hospital donde ya fue intervenido cuando no llegaba al medio año de vida. Con unas sencillas pautas todo quedó en un susto y Pablo pudo continuar con su vida normal. Terminaba el bachillerato y, pese a haber conseguido ir a curso por año, llegaba la etapa universitaria y sus dificultades de audición podrían truncar sus estudios superiores. Había forma de conseguir oír, un implante oseointegrado, en el hueso auditivo era la solución. Enfrentarse de nuevo a pruebas médicas y un desembolso económico importante, pero el fin merecía la pena. Una vez finalizada la intervención y el proceso de adaptación en la clínica de Navarra, Pablo sufría un gran palo emocional. La operación fue mal y las promesas de llevar una vida auditivamente normal se esfumaban. Totalmente hundido, se rinde y decide seguir como hasta entonces, pese a que era consciente que todo iba a ser mucho más complicado en la universidad.

Su gran pasión, el fútbol

“La vida es territorio de los valientes que creen que la actitud es el camino de la victoria” (Álvaro Merino)

Es en su época universitaria cuando, tras unas vacaciones con sus amigos en Málaga, presiente que algo ocurre de nuevo. Se sentía excesivamente cansado, sin fuerzas. Los resultados de las analíticas no podían ser peores. Tenía Hepatitis C. Recibe la noticia de boca de sus padres. Él estudiaba en Madrid y sus padres vivían en Cáceres. Al llegar a casa, María Jesús y Juan José estaban allí. Entre lágrimas le dicen que no importa el tratamiento que tenga que seguir, que da igual lo que cueste, que se va a curar. Pablo reconoce que es en este momento cuando realmente piensa que no tiene más ganas de luchar y más al saber que contrajo el virus de pequeño en alguna de las transfusiones que recibió cuando se debatía entre la vida y la muerte. ¿Por qué otra vez a él?.

Superó la Hepatitis C gracias a participar en un ensayo clínico

Pero ese sentimiento le duró poco. Enseguida se puso en marcha y, como buen deportista, su constancia y valentía no le dejaron darse por vencido. Entra a formar parte de un ensayo médico. Sus años de experiencia entre médicos le hacen saber si está en manos de los mejores. Su sexto sentido le decía que esta vez sí. La Fundación Alcorcón ve en Pablo el paciente perfecto y la suerte se pone de su lado: le sacan del ensayo y es uno de los receptores de uno de los mejores medicamentos del mercado. Solo en una semana, Pablo es otra persona. Cuatro pastillas al día y experimenta lo que es tener buena salud, un estado acorde a su edad. El virus había permanecido en él todos estos años impidiendo que tuviera una vida plena. El sufrimiento de más de 20 años iba llegando a su fin. Pablo decide entonces realizarse en el Hospital de Alcorcón una nueva intervención para colocarse el implante oseointegrado. La primera vez que vio una película con el aparato ya bien puesto jamás la olvidará. Una de las partes de la saga “A todo gas” se convirtió en una obra maestra para él; podía escuchar, entender y disfrutar.

Pablo asegura que su gran proyecto de vida es formar una familia

El futuro se construye con los pasos que damos, todo llega cuando tiene que llegar

Para él, licenciado en INEF, el fútbol es una de sus grandes pasiones. Sus ojos ven y su corazón siente la vida como si de un partido se tratase. Del considerado deporte rey admira las tácticas, el esfuerzo, la lucha y el trabajo en equipo. En el fútbol como en la vida cree que no se valora el proceso. No se aprecia cada domingo de liga (cada prueba médica superada en su caso), se tiene en cuenta únicamente el resultado final. Por eso ha decidido conducir su vida profesional a “dar aliento” a otros deportistas. Es su sueño, entrenar mentalmente a deportistas con su enseñanza de vida para hacerles ver que cada fracaso, cada tropiezo, te lleva a tener un aprendizaje pleno. Que el único fracaso es no intentarlo y, si no, que se lo digan a él. Para Pablo, una persona brilla si se rodea de los mejores. Unos padres que le han demostrado un amor incondicional, una lista interminable de amigos que le han tendido su ayuda y profesores que le han dado una oportunidad. No mira al futuro, se limita a disfrutar el momento porque él tiene más claro que nadie que los únicos límites son los que te marcas tú mismo.

2 Comentarios

  1. Pablo, para mi sabes que siempre serás un ejemplo de superación, ojalá yo a mis años tuviera la cuarta parte de voluntad y pasión por las cosas que haces. Solo espero que algún día llegue tu momento, que seguro que llegará y triunfes en tu trabajo. Gracias por este ejemplo de vida que nos das a diario.

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